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lunes, 29 de diciembre de 2014

Galverston - 23 El Río (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


El Río

Tan pronto como Kyle Lanier volvió a Ashton Villa para liberar a Sloane de su arresto domiciliario, la mujer corrió hasta Playa Stewart en busca de Scarlet. Una vez allí, descubrió que el muro de madera que separaba la ciudad del parque de atracciones había desaparecido, destrozado por la tormenta. La cabina de las entradas también había desaparecido. Más allá del Espigón, donde Momus había establecido su corte entre mercachifles y juerguistas, apenas quedaban siquiera escombros. El huracán había dejado la playa limpia, sin otra cosa que la arena y el ronco murmullo de las olas. El Auténtico Laberinto Humano se había desvanecido, y los puestecillos se habían evaporado. Cada caseta de los vendedores ambulantes y cada luz parpadeante, cada tablero y cada barra de maquillaje, había salido volando y se había dispersado a lo largo y ancho de la isla, o había sido engullida por el mar.

Galverston - 22 La Comparsa de los Descastados (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


La Comparsa de los Descastados

Joshua estaba de nuevo en la habitación de la infancia de Randall, sentado entre los velos de las mosquiteras con su padre acurrucado entre sus brazos, tratando de conseguir que bebiera una taza de té frío de diente de león.

Galverston - 21 Ofrendas (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Ofrendas

Mientras Joshua Cane cuidaba a su padre en el piso superior, Sloane se dedicaba a lavar sábanas y mantas. Por una vez, había conseguido que Scarlet la ayudara. La niña, malhumorada y con el ceño fruncido, arrastraba las sábanas húmedas por el suelo según las llevaba al exterior, donde Sloane la esperaba con una bolsa de pinzas para colgarlas en el tendedero.

Galverston - 20 Tratamiento (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Tratamiento

Una vez que la señora Mather acompañó a Josh y a Ham al Palacio del Obispo, se retiró con discreción con la excusa de que tenía que ayudar a la cocinera de Randall a servir el almuerzo. Dejó a los muchachos en el recibidor mientras la doncella corría escaleras arriba para anunciar su llegada. La muchacha llevaba una mascarilla empapada en vinagre. Hacía mucho tiempo que Josh había decidido no luchar contra ese tipo de artilugios, que muchos de los isleños utilizaban para evitar el contagio de las enfermedades. Suponía que no tenía derecho a mostrarse condescendiente; no cuando un buen placebo resultaba más eficaz que muchos de sus remedios.

Galverston - 19 Hundimiento (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Hundimiento

La séptima mañana tras el huracán, Sloane se despertó con el olor del cebo. Estaba tumbada sobre un canapé en la biblioteca de Randall Denton. Se esforzó por abrir los ojos. Aún no había amanecido; no obstante, la oscuridad era menos densa que cuando finalmente se echó a dormir, justo después de las tres de la mañana. Algo largo, húmedo y fibroso rozó su mejilla y se retiró al instante. Sloane jadeó y abrió los ojos de par en par. Un rostro triste con bigote se vislumbraba entre la penumbra, trayendo consigo un fuerte hedor a gambas y a cangrejos de río. Jamás había oído que un Hombre Langostino se hubiera acercado tanto a alguien con anterioridad. Esperó a que la criatura hablara o hiciera algún movimiento. No hizo ninguna de las dos cosas. Se limitó a observarla, a mirarla con una profunda y apacible melancolía, con su rígido rostro inclinado hacia un lado y sus ojos negros brillantes como perlas. Los ojos de Sloane se esforzaron por soportar el peso de la noche. Se cerraron de golpe, se abrieron de nuevo; el olor del barro y de la carnaza eran como un narcótico en el oscuro ambiente, hasta que, al final, volvió a quedarse dormida. Los sueños se cernieron sobre su cabeza, moviéndose de forma lenta y extraña, como las corrientes de un mar tenebroso.

Galverston - 18 Bautismo (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Bautismo

A pesar de todas las educadas excusas de Joshua, Rachel y Ben le devolvieron su cama y se prepararon un catre en el suelo de la cocina. De alguna forma, en el momento en que Josh despertó en la pequeña y oscura habitación, supo que tanto ellos como el resto de los Mather estaban profundamente dormidos. Alguien sacudía su hombro. El gélido contacto aguijoneó su piel y consiguió que se le pusiera de punta el vello de la espalda.
Se apartó de aquella mano helada y se levantó de un salto. Una mujer rica con un vestido blanco estaba junto a su cama.

Galverston - 17 Ley Marcial (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Ley marcial

—Me voy a casa —anunció Ham, en cuanto se hubieron frotado lo bastante como para recuperar la sensibilidad en las piernas y los brazos.
—¿Estás loco? —replicó Josh—. No podemos volver a Galveston. Sobre nuestras cabezas pende una pena de muerte, ¿es que no lo recuerdas?
—Josh, me importa una puta mierda lo que tú hagas. —Ham encontró un segundo encendedor, junto con la navaja de Josh, en el fardo que Martha había dejado olvidado—. Después de semejante huracán, ¿crees que van a echarse encima de un boticario y de un instalador de gas? —argumentó Ham—. Claro que los isleños son famosos por su estupidez...

Galverston - 16 Caníbales (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Caníbales

Josh distinguió otra figura delante de la oscura masa del cuerpo de Ham.
—Esta paletilla de ternera no está muerta todavía —dijo el hombre llamado George con la metódica pronunciación del este de Texas—. ¿El pequeñín puede caminar?
La mujer que sujetaba el cuchillo contra la garganta de Joshua tosió; tenía una tos seca.
—¿Puedes andar?
Él supuso, por su forma de hablar, que era negra.
—Vamos a darle un incentivo —dijo George—. Si no puedes andar, te rebanaremos el pescuezo y te dejaremos en la playa.

Galverston - 15 Gusanos (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Gusanos

El temporal no soplaba de sur a norte, como Josh habría esperado; la torrencial lluvia llegaba desde el este-sureste. El viento parecía soplar de un lugar muy, muy lejano, cargado de masa y aceleración, como un inmenso río que aplastara la llanura bajo su peso. Una gota de lluvia le cayó con fuerza sobre la espalda, asombrosamente fría sobre su piel caliente. Otra le golpeó en el hombro. La luz del día se desvaneció como una lámpara que se apagara y, a continuación, la lluvia comenzó a caer a raudales; una ruidosa cascada que dejó a Josh calado entre un jadeo rasgado y el siguiente. El viento tiró de su improvisado turbante, haciendo que se sacudiera como un látigo alrededor. El mundo se había convertido de repente en un lugar mucho más pequeño, un hueco inestable dentro de la tormenta. Los relámpagos restallaban sobre su cabeza y los truenos retumbaban a su alrededor con la fuerza de una bomba. Ham lo agarró de la mano izquierda y juntos comenzaron a avanzar con enormes dificultades.

Galverston - 14 Veneno (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Veneno

El inicio del exilio de Josh y Ham comenzó veinticuatro horas después de ser sentenciados. En la oscuridad que precede al amanecer, los sacaron de sus celdas aisladas y los llevaron hacia el Muelle 23 a punta de pistola. Fueron obligados a entrar en la bodega del Martes de Carnaval, una embarcación dedicada a la pesca de la gamba cuyo capitán era primo segundo de los Gardner.

Galverston - 13 Huracán (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Huracán

El ayudante Kyle acercó la oreja al pecho del sheriff Denton.
—Aún respira bastante bien. Supongo que habrá sido la conmoción. Joder, lo ha dejado apañado —dijo y alzó la vista para mirar a Sloane.
—Se lo merecía.
Kyle se encogió de hombros.
—Dígaselo al juez.

Galverston - 12 Scarlet (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Scarlet

De repente, As ya no estaba allí y Sloane iba camino de caer al suelo de una casa destartalada de Galveston; el Galveston real donde había dejado que su madre muriera.
Ya no era Malicia. La máscara había desaparecido. As la tenía; en el Mardi Gras.
Cayó al suelo y se quedó allí tendida, jadeando. Esta casa era muy distinta de su doble en el Mardi Gras. Allí olía a moho y las paredes estaban inclinadas y cubiertas de manchas de humedad, pero seguía siendo una casa. Aquí, la casa de Samuel Cane se había derrumbado a causa de una explosión de gas dos semanas después de que Travis Denton la ganara en una partida de cartas. La luz grisácea del día se filtraba a través de las ventanas rotas y de una gigantesca grieta en el techo ennegrecido por el humo. Las vigas de madera, hechas astillas, se alzaban hacia el cielo como costillas destrozadas. Entre las grietas del suelo crecían unas cuantas briznas marchitas de tanaceto y de verdolaga roja.

Galverston - 11 Asilo (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Asilo

Un gélido relámpago atravesó a Sloane en el instante en que Josh le dijo lo de la muerte de su madre. En el momento en que él se volvió para prepararle un té, agarró la máscara con dedos temblorosos y se la puso, desesperada por sentir la enorme sensación de vacío que le proporcionaba.
El cuero se asentó sobre su rostro y, de pronto, estuvo de vuelta en el Mardi Gras. Estaba oscuro, y la energía del Carnaval ronroneaba y chasqueaba en sus venas, manteniéndola en pie de la misma forma que una brisa fuerte haría con una cometa. Se encaminó hacia Broadway. La enorme avenida estaba llena de carnavaleros: malabaristas y payasos, tragasables y un hombre que escupía fuego. Zancudos de rígidas piernas caminaban hacia delante a grandes pasos, tan cautelosos como grullas. Una mujer con las zarpas y las ancas de un gato brincaba por allí a cuatro patas con un pájaro muerto en la boca.

Galverston - 10 El Juicio (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


El juicio

Josh hubiera jurado que no había dormido en absoluto si no se hubiera despertado tan dolorido. Escuchó un ruido de llaves y voces aproximándose. Para cuando la puerta de la celda se abrió hacia dentro, había conseguido forzarse a abrir los ojos. Los sentía rígidos e hinchados, como el resto de su cuerpo.
Dos guardias estaban de pie junto a la puerta, uno más viejo blanco con barba de dos días y un hispano de rasgos atractivos con la cara picada por la viruela. Los dos guardias llevaban los uniformes gris oscuro de la milicia de Galveston. Teñidos con corteza de pacana y... ¿sulfato de hierro? Josh no podía recordarlo.

Galverston - 9 Sheriff Denton (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Sheriff Denton

—Qué coñ...
Josh se calló cuando alguien le puso el cañón de un arma en la cara. El olor a frío acero le hizo un nudo en el estómago. Bueno, pensó, ahora ya sé de lo que mamá me estaba intentando advertir. Se preguntó si estaba a punto de morir.
—No nos vamos a mover —dijo Ham—. ¿Verdad, Josh? Dos estatuas, esos somos nosotros.
La lámpara Coleman siseaba despidiendo su círculo de fuerte luz blanca. Josh pudo ver a cuatro hombres: dos detrás de su mostrador, otro detrás de la mesa de examen, y otro más de pie tras la puerta. Tres de ellos tenían pistolas; el que estaba detrás de la mesa de examen tenía una escopeta de repetición. La escopeta hizo un sonoro clic cuando el hombre la armó.

Galverston - 8 Insulina (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston

Insulina

Josh cogió un bote de té de damiana de un estante de su pequeño dispensario. Cuando volvió a la cocina para mostrárselo a Sloane, ella ya había desaparecido. Salió al porche esperando verla corriendo hacia Ashton Villa, pero las calles estaban vacías. Sloane se había desvanecido sin ruido alguno. Bajó precipitadamente los escalones del porche, mirando por los parterres del jardín e incluso por las esquinas de su pequeña casa, temiendo que hubiera entrado en shock o que la borrachera le hubiera jugado una mala pasada, pero no había ni rastro de ella. Si no fuera por el olor a cigarrillos y alcohol que flotaba en su puerta, todo le hubiera podido parecer un espejismo.

Galveston - 7 Calle Tercera (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston



Calle Tercera

En el momento en el que Sloane se puso la máscara, se sintió mucho, mucho mejor.
Escaleras abajo, el piano tintineaba y se iba animando. Los vasos chocaban entre el estruendo sordo de las conversaciones. Ráfagas de risas venían flotando desde el jardín en el exterior. Sloane abrió las puertas francesas y salió a su balcón. Este Galveston estaba ardiendo de luces: altas farolas, luces encendidas en las ventanas de las casas y en edificios de oficinas, faros de coches circulando, y sobre todo ello la mirada blanca de una luna llena. Había una multitud arremolinada en torno a Ashton Villa. Alguien apagó una vela romana, enviando pequeñas oleadas de fuego dorado al cielo nocturno. Abajo en el suelo, un hombre enfundado en un abrigo de gángster y una máscara de dominó atrapó su mirada y le silbó. Ella le saludó con la mano.

Galveston - 6 La Máscara (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston



La máscara

Mientras Sloane terminaba su trabajo, aquel sentimiento vacío y elevado continuaba cantando en su interior. Canturreando para sí misma, aplicó siete capas de laca al interior de la máscara y luego la alisó hasta conseguir un brillo de seda con una tira de cuatrocientos granos de papel de lija extra-fino. Tiñó el cuero de un color rojizo trabajando el color con una brocha de afeitar, añadiendo más en algunos sitios que en otros, de tal forma que toda la cara tomó el aspecto de la piel de un animal abigarrado. Con un pellizco de producto de belleza de un viejo bote de Comet difuminó un poco el tinte, dejando resaltes pálidos en los salientes de la máscara, de tal forma que el cejo y las mejillas destacaron mucho. Después cortó vendas faciales y las fijó con remaches.

Galveston - 5 La Reclusa (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston


Galveston - 4 El Boticario (Sean Stewart)

Sean Stewart

 

Galveston