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domingo, 15 de febrero de 2015

El Hombre Que Se Parecía A Napoleón (Robert Bloch)


miércoles, 24 de diciembre de 2014

El Beso Siniestro (Robert Bloch y Henry Kuttner)

EL BESO SINIESTRO
Robert Bloch y Henry Kuttner
Surgen vestidos con túnicas verdes, bramando, de los verdes infiernos del mar, donde hay cielos
caídos, y clamores malignos, y criaturas sin ojos Chesterton: Lepanto

1. El ser de las aguas Graham Dean aplastó nerviosamente su cigarrillo y se encontró con los ojos intrigados del doctor Hedwig.
—Nunca estuve tan preocupado anteriormente —dijo—. Estos sueños son tan extrañamente persistentes.
No son como las pesadillas comunes y casuales. Parecen — sé que suena un tanto ridículo— parecen estar planeados.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Los Padres De La Patria (Robert Bloch)

Los Padres De La Patria

A primeras horas de la mañana del 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson asomó su cabeza cubierta por la peluca a la desierta sala de lo que más tarde se conocería con el nombre de Independence Hall, y gritó:
-¡Vamos, muchachos, la costa está libre!
Entró en la gran habitación, seguido por John Hancock, que fumaba nerviosamente un cigarrillo.
-¡Ya basta! -exclamó Jefferson-. ¿Quieres apagar esta colilla? ¿O es que quieres perdernos a todos, estúpido?
-Lo siento, jefe. -Hancock dio un vistazo a su alrededor y después se dirigió a otro hombre que había entrado tras él-. Apaga el cigarrillo -murmuró-. No hay ni un solo cenicero en ese lugar. ¿En qué clase de ratonera nos hemos metido, Nunzio?

Un Hogar Hospitalario (Robert Bloch)

Un Hogar Hospitalario

El tren llevaba retraso y serían ya más de las nueve cuando Natalie se halló en el solitario andén de la estación de Hightower.
Como es natural, la estación estaba cerrada por la noche -no era más que un apeadero, pues no había allí ninguna población- y Natalie no supo lo que debía hacer. Había estado segura de que el doctor Bracegirdle vendría a recibirla. Antes de salir de Londres había mandado un telegrama a su tío para comunicarle la hora de su llegada, pero debido al retraso del tren cabía la posibilidad de que hubiese venido y se hubiera marchado otra vez.

El Maestro Del Pasado (Robert Bloch)

El Maestro Del Pasado

Yo ya no sé qué hacer, palabra. A juzgar por el comportamiento de George, cualquiera creería que fue culpa mía. Cualquiera creería que ni siquiera vi nunca a aquel individuo. Cualquiera creería que robé su coche. Y sigue pidiéndome que se lo explique todo. Pero si se lo he contado ya docenas de veces... ¡y a los policías también! Además, ¿qué tengo que contarle? Él estuvo allí.
Desde luego, la cosa carece de sentido. Ya lo sé y ojalá me hubiese quedado en casa aquel domingo. Ojalá le hubiera dicho a George que tenía otro compromiso cuando él me telefoneó. Ojalá le hubiese obligado a acompañarme al teatro en vez de ir a aquella playa. ¡George y su automóvil convertible! Por otra parte, cuando hace calor las piernas se pegan a aquellos asientos de cuero...

Traición (Robert Bloch)

Traición

Uno de estos días verán mi nombre en los periódicos. Lo que me molesta es que lo más probable es que ni siquiera lo reconocerán.
De todos modos, tampoco es fácil que sepan recitar una lista de los vicepresidentes ejecutivos de la NBC, la CBS, la ABC o la Mutua.
Lo importante es que en estos lugares, cuando la gente oye el nombre de Willis T. Millaney pega un brinco. Siempre he pensado mucho en esta red de emisoras y esto es lo que cuenta.
Por lo menos contaba en lo que se refiere a la mayor parte del personal empleado en la industria de la televisión. El único a quien parecía importarle un pepino era Buzzie Waters.

Descanso Sabatino (Robert Bloch)

Descanso Sabatino

Nota publicada en el Daily Bulletin de la Universidad de Yardley, el 1º de abril de 1925:

"El profesor Herbert Claymore, jefe del Departamento de Física, ha anunciado hoy que se dispone a ausentarse para un breve descanso sabatino. Mientras dure su ausencia, las clases del profesor Claymore serán dadas por el doctor Potter".

Llevaba ya ocho martinis y medio en el pequeño bar situado al otro lado de la calle, en los bajos del edificio "Television City". Ocho y medio era un horario subjetivo, desde luego, pero Don Freeman siempre se había regido por esta clase de tiempo. Pensándolo bien, ¿acaso muchos no hacen lo mismo?

Los Versos Nunca Pagan (Robert Bloch)

Los Versos Nunca Pagan

Miss Kent se acercó a la puerta de la torre y llamó con energía. Desde luego, era un lugar encantador, pensó; sin motivo aparente le recordaba la mansión del Conejo Blanco en Alicia en el País de las Maravillas.
Cuando la puerta se abrió para revelar al ocupante de la casa, miss Kent no pudo reprimir un respingo. Aparte de la longitud de sus orejas, el hombre que se hallaba ante ella hubiese podido pasar por el mismísimo Conejo Blanco. Era un hombrecillo pálido, de ojos rojizos, y con una nariz que parecía ocupar gran parte de su rostro; su boca era pequeña y la barbilla casi inexistente. También llevaba una chaqueta a cuadros, y mientras miss Kent le miraba incluso consultó su reloj.

Terror En Hollywood (Robert Bloch)

Terror En Hollywood


La primera vez que vi a Kay Kennedy fue en el hotel Chasen, hace ya varios años.
Entonces aún no era Kay Kennedy. En realidad, ni siquiera recuerdo qué nombre usaba en aquella época, algo así como Hallulah Schultz. Y tampoco era morena, sino rubia. Marilyn Monroe acababa de ponerse de moda, y como Mamie van Doren, Sheree North y otras cinco mil, esa chica tenía cabellos color platino y usaba un sostén de numeración bastante alta.

Chica Pin-Up (Robert Bloch)

Chica Pin-Up


La primera vez que el príncipe vio a Lani fue en el "Ciro".
Ella estaba pasando la gran noche; baile, cena, bebidas, todo el programa. La acompañaba Gibson y la fiesta formaba parte de sus actividades. Él incluso le había facilitado un traje de noche que le caía a las mil maravillas. Todos la miraban y los fotógrafos sacaban una instantánea tras otra. Aquello era vivir.
El maître dejó una tarjeta sobre su mesa. Había el nombre grabado en la parte superior, Príncipe Ahmed, y una sola línea escrita a mano que decía: ¿Puedo tener el placer de su compañía?

Escuela Nocturna (Robert Bloch)

Escuela Nocturna


Se las puede ver en callejones de toda gran ciudad, y uno se pregunta a veces cómo se las arreglan sus propietarios para ganarse la vida.
Suele haber en ellas una puertecilla de entrada y un escaparate mal iluminado que ostenta el letrero LIBROS DE OCASION escrito con caracteres confusos. Casi siempre hay una mesa junto a la entrada, presidida por un cartel que reza A ELEGIR - 10 c. Es inevitable que en este mostrador se hallen seis títulos sempiternos: Tres semanas, El sombrero verde, Los niños de Elena, La vaca negra, Cuando llegue el invierno, y Hablando de operaciones.

El Arte Mortifero (Robert Bloch)

El Arte Mortifero


Era una noche muy calurosa, incluso en los trópicos. Vickery se estaba preparando un combinado de ginebra cuando oyó el discreto golpe en la puerta de la habitación del hotel.
-¿Eres tú, Sarah? -murmuró.
Entró un hombre, rápida y silenciosamente, corriendo el pestillo de la puerta tras él.
-Soy Fenner -dijo-. El marido de Sarah. -Hizo una mueca a Vickery-. ¿Sorprendido, verdad? Sarah también lo estuvo.
-Realmente, yo...
Vickery trató de levantarse.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un Crimen Fuera De Lo Corriente (Robert Bloch)



Sólo los muertos conocen Brooklyn.
Thomas Wolfe fue quien lo dijo, y ahora ya está muerto, de modo que debe conocerlo.
Pero Londres es otra historia.

Madre De Serpientes (Robert Bloch)



E
l vuduísmo es algo muy raro. Hace cuarenta años era un tema desconocido, salvo en ciertos círculos esotéricos. En la actualidad existe una sorprendente cantidad de información al respecto debido a la investigación... y una sorprendente cantidad de información errónea.
Recientes libros populares sobre el tema son, en su mayor parte, fantasías puramente románticas, elaboradas con las incompletas teorizaciones de los ignorantes.

Las Figurillas De Barro (Robert Bloch)



Colin había venido trabajando en aquellas figuritas de arcilla durante mucho tiempo, antes de darse cuenta de que se movían. Llevaba años con ellas, allí en su habitación, y había usado en total centenares de kilos de arcilla.

La Sombra Que Huyó Del Chapitel (Robert Bloch)



William Hurley era irlandés de nacimiento y taxista de profesión. Sería, pues, redundante calificarle de charlatán.
En el mismísimo instante en que, cierto cálido atardecer veraniego, tomó a un pasajero en el centro de Providence, se puso a charlar. El pasajero era alto y delgado, de treinta y pocos años, y llevaba una cartera. Se sentó en el asiento posterior y rogó al conductor que le llevase a determinado número de Benefit Street. Hurley puso en marcha vehículo y lengua a toda velocidad.

La Mueca Del Monstruo (Robert Bloch)



El destino juega malas pasadas, ¿no es verdad? Hace seis meses yo era un conocido y bastante celebrado psiquiatra en ejercicio; hoy me encuentro recluido en un sanatorio para casos mentales. Como médico alienista más de una vez he enviado pacientes a esa misma institucion en la que ahora me veo confinado. ¡Qué ironía! Ahora soy su hermano en la desgracia.

La Casa Del Hacha (Robert Bloch)



Daisy y yo estábamos disfrutando de una de nuestras habituales trifulcas. Había empezado por lo de la póliza del seguro, pero luego derivó a los tópicos de siempre. Cada uno sabía perfectamente dónde le apretaba el zapato al otro.
-¿Por qué no sales a buscar un empleo, como los otros hombres, en vez de quedarte todo el día en casa aporreando una máquina de escribir?
-Sabías que era escritor cuando nos casamos. Si tantos deseos tenías de que tu marido tuviera un empleo, podías haberte casado con aquel estúpido tendero que te hacía la rosca. Hubieras tenido dónde pasar el día; haciendo prácticas de cirugía, descuartizando gallinas.

La Capa (Robert Bloch)



El sol estaba agonizando y su sangre salpicaba el cielo mientras se arrastraba hacia su sepulcro detrás de las colinas. El viento gimoteante impulsaba las hojas secas caídas de los árboles enviándolas hacia el oeste, como si les diera prisa para que acudieran al funeral del sol.