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martes, 12 de agosto de 2014

Teletransportados Adonde Vidal (Leyendas Urbanas)


El 3 de junio de 1968, el diario La Razón informaba que un matnmonio de apellido Vidal-Raffo,
que viajaba en automóvil desde Chascomús hasta Maipú -en la provincia de Buenos Aires
(Argentina)- había perdido la conciencia al entrar en un banco de niebla. Cuando volvió en sí, la
pareja se encontraba en Ciudad de México.
Según información facilitada por Matías Morey, miembro de la Fundación Anomalía, pese a que
nadie logró entrevistar al matrimonio, La Razón comenzó a publicar noticias cada vez más detalladas sobre el suceso. Así, el caso se relacionó con Martín Rapallini, supuesto familiar de los Vidal, quien declaró desconocer el asunto. Pero el diario tomó la negativa de Rapallini como una confirmación de sus fundadas sospechas, pues «existe una estricta prohibición de difundir lo sucedido».
Al parecer, el único «testigo» indirecto de lo acontecido era un joven -presunto pariente de los
Vidal- que fue entrevistado en el talk show Sábados circulares de Mancera, uno de los programas de televisión más populares de Argentina.
Durante años, el matrimonio Vidal alcanzó tal notoriedad que su viaje fantástico se hizo célebre,
ya no sólo en Buenos Aires, Mendoza o Córdoba, sino también en San Miguel de Tucumán, Puerto
San Julián o Santa Rosa. De aquí y de allá surgían personas que decían haber conocido en vida a los Vidal y que culpaban a los ovnis de su viaje relámpago. Estaban en lo cierto.
En 1996 el cineasta Aníbal Uset reconocía haber fabricado la noticia con la ayuda de un periodista
y de dos amigos vinculados al mundo del espectáculo con el propósito de promocionar la película
Che, ovni, una comedia que se estrenaría ese mismo año -1968.
En el filme dirigido por Uset, un cantante de tangos era secuestrado por un platillo volante que lo
teletransportaba -con coche y todo- hasta Madrid. El protagonista, papel que recayó en el actor Jorge Sobral, iba acompañado por una deslumbrante autoestopista a la que había recogido con su Peugeot 404 blanco -como en el «caso Vidal»-, mientras que el «testigo» que había dado la cara en el programa Sábados circulares de Mancera era en realidad un actor secundario.
Por lo demás, la trama no tenía desperdicio. El interés extraterrrestre por el cantante argentino y su
bella acompañante no era banal: los alienígenas, programados para trabajar sin descanso, necesitaban de cierta cuota de haraganería para equilibrar su temperamento.
La película fue un fracaso y sólo años después fue encumbrada por algunos cinéfilos por su
desmedido surrealismo y su «humor involuntario». Su director, Aníbal Uset, tras ser requerido por
Alejandro Agostinelli -el argentino que llevó a cabo la investigación que aquí se relata- para que
explicara por qué había ocultado la invención de esta leyenda durante treinta años, manifestó: «Vino tanta gente a contarme que había conocido a los Vidal que empecé a dudar. Es más, la confusión fue tan grande que llegué a pensar que nuestra historia coincidió con algo que realmente había pasado».
Desde entonces, las variantes de esta leyenda urbana se han multiplicado por doquier -sobre todo,
en España y Sudamérica-, con lo que modestos utilitarios han superado con creces las expectativas de sus fabricantes y recorrido enormes distancias economizando combustible al máximo.
El alucinante padre José María Pilón, una especie de jesuita que combate con ardor a los
replicantes que a veces nos manda el cielo, recogía el siguiente testimonio en su libro Lo paranormal, ¿existe?:
Un matrimonio de recién casados decidió hacer su viaje de novios a Granada. Al llegar a Bailén,
decidieron repostar gasolina. Al intentar pagar, el empleado de la estación de servicio les rechazó el
dinero aduciendo que tenían que hacerlo con la moneda del país. Asombrados por estas palabras,
preguntaron en qué lugar se encontraban. «En Santiago de Chile», les respondió el señor. ¡Asombro total! Recordaban cómo, al superar Despeñaperros, se vieron envueltos en una extraña niebla, por otra parte bastante frecuente a esas alturas de Derroñadas (...) A consecuencia tuvieron que ser internados durante una temporada en una clínica aquejados de un fuerte shock nervioso.
Es más -continuaba el infatigable padre Pilón-, en cierta ocasión, en una cena con unos amigos, me
aseguraron que en la embajada de España en Santiago de Chile se encontraba, precintado, el
automóvil en cuestión. ¡Hubiera sido una prueba absolutamente fehaciente de la autenticidad del
hecho! Como, por entonces, un antiguo alumno mío del colegio de Areneros de Madrid se encontraba de secretario en la embajada de dicha capital, le escribí pidiéndole que me confirmara el «hecho».
¡Absolutamente falso! No había ni noticias del tal automóvil ni de la realidad del suceso en cuestión.
Todo pura fabulación... Es decir, un caso más de contagio psíquico.
Pues bien, la lista de «contagiados» es mucho más extensa de lo que podría pensar el padre Pilón.
Según hemos constatado a lo largo de la realización de este libro, la historia del automóvil fantástico
se conoce en Madrid, Barcelona, Bilbao, Castellón y Málaga. Desde la capital vizcaína, por ejemplo, Joana Artega nos hace llegar el siguiente relato:
Un matrimonio de recién casados comienza su luna de miel. Van en coche en dirección norte
desde un pueblo del sur de León. Al llegar a La Bañeza les sorprende una densa niebla que les impide ver más allá de dos metros. Apenas pasan cinco minutos dentro de esta niebla pero, al salir,
sorprendentemente, se hallan en la región portuguesa de El Algarve.
Otra versión parecida nos la ofrece José Manuel Vigo Sánchez desde Benamocarra (Málaga):
Un joven matrimonio circula con su coche por una carretera de una zona rural de Sevilla en
dirección a la capital hispalense. El coche comienza a tener problemas hasta que se avería. Como es
de noche, deciden continuar andando hasta algún lugar donde solicitar ayuda. A los pocos minutos,
empieza a soplar un fuerte viento y se ve un gran resplandor en el cielo. La pareja se asusta, pero, al poco tiempo, desaparece tanto el fuerte viento como el resplandor y reanudan la marcha. Poco
después ven a lo lejos las luces de una ciudad y una indicación que dice: Santiago de Chile 5 km. La pareja, al carecer de dinero para volver a España y presa de una fuerte conmoción, decide acudir a la embajada española en Chile en busca de ayuda.
Otras versiones, igual de precisas, sitúan al automóvil en la carretera que une Madrid con Toledo o
en la que enlaza Onda y Castellón, mientras que el destino oscila entre México y Santiago de Chile.
Normalmente los vehículos atraviesan un túnel o son envueltos por una densa niebla. En ocasiones,
para tranquilizarse, deciden parar en una gasolinera y descubren que hay que pagar con cruceiros, esto es, que acaban de aterrizar en Brasil.
El hecho de que esta leyenda se muestre muy resistente al paso del tiempo, tal vez pueda
relacionarse con el folklore popular y el auge de la ciencia ficción. Joan Guillamet en Bruixeria a
Catalunya cuenta en Un viaje rápido cómo una bruja llamada Savanna se introdujo en una barca de
pescadores que iba de Cadaqués a Rosas a vender fruta, para al poco tiempo desaparecer. Al volver, se encontraron con que Savanna ya había estado en Rosas y había vendido sus peras.
Para averiguar si, brujas al margen, este tipo de viajes tenían precedentes históricos fuimos a
hablar con Victoria Cirlot, profesora de Literatura Medieval en la Universidad Pompeu Fabra de
Barcelona e hija de Juan Eduardo Cirlot, autor del imprescindible Diccionario de símbolos. Victoria,
efectivamente, había oído la leyenda del automóvil prodigioso en Perú y su narración coincidía con el resto de relatos recopilados, sólo que en este caso el «aterrizaje» se había producido en Brasil, razón por la que se exhortaba a los ocupantes del vehículo a pagar la gasolina con cruceiros.
Para Victoria Cirlot, esta leyenda informa sobre la necesidad de transgredir las fronteras de lo real.
Bajo ese punto de vista y, sin pretender emular a Freud, el insólito destino de la luna de miel, no
dejaba de ser el viaje soñado -El Algarve, Brasil, Santiago de Chile, México-, un lugar a la altura de la felicidad que embargaba a los cónyuges y que abría de par en par las puertas de un «nuevo mundo».
Por otra parte, Stith Thompson recoge en su índice de los motivos más recurrentes de la literatura
tradicional que «la niebla mágica que provoca invisibilidad», «la niebla mágica que lleva a una
persona a perderse» o «el ascenso al cielo en una nube» tienen precedentes en el folklore irlandés e
indio.
De hecho, su periódica puesta al día, guarda relación con el auge de un género, la ciencia ficción,
que ha sabido sacar partido como nadie de puertas dimensionales, extrañas tormentas, nieblas que
envían barcos al pasado y túneles que conectan con el cielo.

Valga recordar al respecto a Star Trek y a su famosa campana de vidrio o a una película más
reciente como Julia y Julia (1987) en la que una mujer ignorada por su marido es transportada a otra dimensión en la que conocerá a un hombre muy fogoso con el que mantendrá un apasionado idilio.
También en El experimento Filadelfia (1984) se recoge la historia de un barco que, tras una
aparatosa tormenta, es transferido al pasado, mismo caso que El final de la cuenta atrás (1980)
cuando un moderno portaviones norteamericano es atrapado por una distorsión temporal y aparece en 1941 en vísperas del ataque japonés a Pearl Harbour.
En resumidas cuentas, la idea de proyectarnos mentalmente hacia el pasado o hacia el futuro, de
hacer volar nuestros sueños más allá del presente, es casi una necesidad vital a la que sólo muy
recientemente se le ha puesto un pero: no tener dinero con que pagar la gasolina.

Aparecidos Itinerantes (Leyendas Urbanas)


En 1986, la agencia Europa Press difundió la noticia de que entre Bilbao y San Sebastián los
fantasmas de jóvenes fallecidas en accidentes de tráfico aterrorizaban con sus apariciones a los
automovilistas que circulaban por aquella zona.
Unos diez años antes, un hombre llamaba a la redacción del diario Tele Exprés para contar una
experiencia escalofriante: mientras circulaba de noche por una carretera desierta, había recogido a una joven que hacía autoestop bajo la lluvia. Al cabo de pocos kilómetros, la muchacha desapareció del vehículo en plena marcha y haciendo caso omiso de las puertas cerradas. Aurora Segura, periodista de dicho rotativo, se citó con él para entrevistarle. «Tuve la impresión de que decía la verdad», recuerda.

Tarántulas En El Tronco Del Brasil (Leyendas Urbanas)


A mediados de 1996, un brote de aracnofobia perturbaba la balsámica paz de las floristerías
españolas. La draconea fragans o «tronco del Brasil» perdía su decorativa inocencia y se
transformaba en un ejemplar más peligroso si cabe que la planta carnívora de «La tienda de los
horrores». He aquí lo que podía suceder a los incautos que se atrevían a importarla por su cuenta y
riesgo, en palabras de un informador anónimo:
Una chica vuelve de un país tropical con una planta de tronco grueso (una dragonera). Al cabo de
unos días se oyen unos ruidos extraños en el interior, como si alguien lo raspase. Al día siguiente el
tronco está hinchado, se rompe y sale una enorme tarántula. Ella asustada va corriendo a la casa de la vecina para que llame a la policía, los bomberos, etc., para que le quiten de allí a tan horripilante
animal.

El Perro Extranjero (Leyendas Urbanas)


Una pareja se fue con su perro a Alemania. Allí encontraron a otro perro abandonado, muy débil.
Decidieron traerlo a España. Poco a poco se fue recuperando. Un día volvieron a casa y vieron que su perro estaba destrozado: se lo había comido el perro que recogieron. Lo llevaron al veterinario y
resultó que no era tal, sino la mutación de una rata. Me lo contó una amiga; le había pasado a unos
amigos de una conocida.

Las Víboras Caídas Del Cielo (Leyendas Urbanas)


En el verano de 1998 se comentaba en Ferrol -A Coruña- que algún tipo de organismo oficial
estaba arrojando, valiéndose de avionetas, reptiles sobre las playas. Con estas culebras y víboras se
pretendía acabar con una supuesta plaga de insectos. El revuelo fue tal que los teléfonos de las
emisoras locales se colapsaban a diario con llamadas de ciudadanos que aseguraban haber visto
serpientes e incluso haber tenido que escapar de ellas ante un inminente ataque.

Máquinas Infernales (Leyendas Urbanas)


A finales del siglo XIX, una serie de pensadores creyeron ver en las máquinas un remedio eficaz
para erradicar la esclavitud o, mejor dicho, para canalizarla hacia artefactos sin alma. No en vano, el término «robot» fue tomado de la palabra checa «robota» que designaba y designa a aquel que está sometido a una servidumbre involuntaria. Pero resultó ser que las máquinas crecieron y se
multiplicaron hasta tal extremo que fue imposible conocerlas a todas, cada cual con sus habilidades,
con sus teclas, por no decir alegrías y enfados.

Aditivos Que Restan (Leyendas Urbanas)


He adquirido en supermercados y tiendas de comestibles, leche, bebidas, zumos de fruta,
margarinas, precocinados, etc. El envase de cada uno de ellos detalla sus ingredientes, además de una indicación en clave de sus conservantes o mejorantes. También he averiguado que las sustancias añadidas a estos productos se clasifican en inofensivas, a evitar, peligrosas y cancerígenas. Son cancerígenas, según investigaciones realizadas en el Hospital del Villejuif, el mayor centro para el estudio del cáncer en Francia, las que se citan a continuación: E-102, E-120, E-123, E-124, E-127, E-150, E-220, E-226, E-230, E-250, E-251, E-252, E-311, E-330, E-339, E-407 y E-450.

Bienvenidos Al Mundo Del Sida (Leyendas Urbanas)


Tras declararse en 1981 los primeros casos de sida, y ante las devastadoras proporciones que iría
tomando la enfermedad en años sucesivos, se fue extendiendo una epidemia paralela que un psiquiatra inglés calificó atinadamente de «síndrome de pánico al sida». La presunta ubicuidad de aquel virus desconocido, la rapidez con que actuaba y la falta de recursos para atajarlo, suscitaron un miedo irracional al contagio, fomentado de buena gana por los puritanos de turno. El mal llamado «azote de los ochenta» les vino de perlas para invocar la ira divina, predicar la castidad y poner en la picota a una nueva víctima propiciatoria, encarnada esta vez por los homosexuales, cuya circunstancial propensión a la enfermedad los convertía en candidatos idóneos al papel de «agentes transmisores».

Satanás, Rey Del Rock And Roll (Leyendas Urbanas)


Así como todo policía es un criminal y todos los pecadores son santos, así como la cara es la cruz,
llamadme, simplemente, Lucifer porque necesito cierta moderación
ROLLING STONES
Sympathy for the Devil

Que el diablo acecha en cada esquina es bien sabido por todos aquellos que salieron a comprar
tabaco y todavía no han vuelto. Pero que adopte la faz precisa de un disco y pueda salir de su círculo eterno para raptar voluntades es algo que sorprende por lo nuevo.

Calcomanías Con LSD (Leyendas Urbanas)


En Londres, y en varias capitales de Inglaterra, los directores de cinemas han sido advertidos
contra posibles ataques a los espectadores, pues varias personas provistas de jeringas hipodérmicas
conteniendo drogas ponían inyecciones a las mujeres que tenían al lado valiéndose de su descuido en la oscuridad de la sala.
El vicio secreto de la droga busca por este medio imprevisto el hacer prosélitos, el dar a probar
por este procedimiento viperino una dosis de paraíso artificial que puede producir un secuaz. Ante la voluptuosidad inoculada irremediablemente buscan esos inyectadores solapados nuevas parejas para esa nueva religión oscura y apremiante.
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
«Automoribundia»

Las Mil Caras Del Monstruo (Leyendas Urbanas)

«Nos juntábamos las noches de verano y contábamos historias de miedo»

Ocurrió hace unos años. Un chico llevaba a su novia a casa después de salir del cine. Cuando
transitaban por el kilómetro cuatro de la carretera nacional 330 se quedaron sin gasolina. El chico
cogió una botella que tenía guardada en el capó para un caso de emergencia como éste y se acercó a una gasolinera que hay a unos dos kilómetros. La chica se quedó en el coche, con las puertas cerradas por dentro y escuchando la radio, medio dormida. Unos minutos más tarde unos fuertes golpes en la ventanilla trasera del vehículo le sobresaltaron. Cuando se giró para ver qué ocurría, descubrió con horror que alguien golpeaba con la cabeza ensangrentada de su novio en el cristal...

Robos Ingeniosos (Leyendas Urbanas)


Una pareja fue a buscar su coche, aparcado la noche anterior en la calle, y se encontró con que lo
habían robado. Lo buscaron por todas partes y, como no aparecía, presentaron denuncia en la policía.
Dos días después, el lunes por la mañana, de camino al metro, lo hallaron en un lugar muy próximo a donde lo habían dejado. En el interior se veía una nota en la que podía leerse: «Necesitábamos el
coche para el fin de semana y hemos tomado prestado el suyo. Disculpen las molestias. En
agradecimiento, acepten estas dos entradas para el teatro». Y, en efecto, junto a la nota había dos
tickets para una obra teatral, un día concreto que ahora no recuerdo. La noche señalada, la pareja,
exultante de felicidad, se fue a disfrutar de esa velada tan bien ganada. Pero al volver a casa
descubrieron que, mientras estaban en el teatro, les habían desvalijado la casa.

La Mujer Pálida Y El Ladrón (Leyendas Urbanas)


Una mujer está frente al tocador de su alcoba poniéndose una mascarilla de barro para limpiarse
las impurezas de la piel. A medida que el barro se endurece ella siente cómo todo su rostro se
inmoviliza y queda rígido tras la mascarílla. En ese momento oye cómo alguien fuerza la cerradura de la puerta de entrada y se introduce en la casa como un ladrón. Aterrada, oye cómo el desconocido se dirige con pasos furtivos hacia la alcoba. Sin pensárselo dos veces, se oculta dentro del armario en un acceso de pánico. Desde allí dentro, a través de las varillas del armario, ve cómo el ladrón entra en la alcoba y, tras revolver en los cajones de la cómoda, se dirige hacia ella. Petrificada por el terror, se queda como una estatua cuando el ladrón abre las puertas del armario. El ladrón descubre unos ojos inyectados de pánico enmarcados en un rostro blanco y rígido como de cera, y del susto de haber creído ver un fantasma sufre un ataque al corazón y muere en el acto.

El Código Secreto De Vagabundos Y Villanos (Leyendas Urbanas)


Morgiane salió de la casa de Alí Baba por algún motivo; sólo al volver reparó en la señal del
ladrón. ¿Qué significa esta marca?, se preguntó para sus adentros. ¿Acaso alguien quiere mal a mi
señor o lo han hecho por puro divertimento?
Alí Baba y los cuarenta ladrones
Las mil y una noches

«La vida es un puente. Crúzalo pero no construyas una casa encima», dice un antiguo proverbio
indio. Desde que la llamada «revolución del neolítico» dividiera a los hombres en dos bandos
antagónicos, por un lado los agricultores sedentarios y por otro los nómadas, un sinfín de pueblos
-zíngaros, beduinos, quashgais, arandas, tuareg, etc.- se han aplicado esta máxima en su inquieto
trajinar por los tiempos.
En Australia, los antiguos aborígenes, identificaban a la tierra con una partitura musical que había
que interpretar para llegar a viejo. Sólo gracias a estas señales -la huella de un escarabajo estercolero, la ondulación de una duna-, los trashumantes sabían dónde se encontraban; dónde estaban los demás; dónde había llovido; de dónde provendría la siguiente ración de alimento; si la planta X estaba en flor, si la planta Y daría bayas, y así hasta un largo etcétera.
En la Iglesia cristiana primitiva había dos categorías de peregrinaje. La primera era el ambulare
pro Deo, «peregrinar por Dios», imitando a Cristo o al padre Abraham que abandonó la ciudad de Ur y emigró hasta tierras lejanas. La segunda era la «peregrinación penitencial», en la cual los culpables de la pecata enormia, «crímenes enormes», tenían la obligación de convertirse, de acuerdo con una tabla estipulada de tarifas, en mendigos ambulantes -con sombrero, morral, bastón e insignia- para ganarse la salvación en el camino.
Sirva esta introducción para explicar una leyenda muy extendida en nuestros días. Se refiere a una
tercera clase de trotamundos, más concretamente a ladrones, maleantes y amigos de lo ajeno. Cuando «peregrinan» solos, sus métodos remiten a utensilios expeditivos, como la palanca o la ganzúa. Pero cuando se sindican y además recurren a los anagramas de los nómadas, entonces se convierten en una amenaza para cualquier gozne, en un peligro para compañías aseguradoras como Mapfre obligadas a advertir de su perfidia con decididas exclamaciones.
¡Vigilad estas señales!, podía leerse en tinta roja en una postal informativa que Mapfre repartió
hacia 1995 por varias ciudades españolas. Justo debajo se veía una casa con una serie de pictogramas traducidos al cristiano. Por citar sólo algunos, un rombo equivalía a «casa deshabitada»; tres barras verticales a «casa ya robada», un triángulo a «mujer sola», un inocente velero a «vacaciones» y así hasta veintiún signos.
En el dorso de la postal se leía el siguiente texto -escrito en catalán en el ejemplar de que
disponemos:
¡Defended vuestro hogar! -a modo de título y en letras rojas. Desde nuestra posición como uno de
los primeros grupos aseguradores del país, nos permitimos llamar su atención sobre estas señales que seguramente ya habrá advertido en las proximidades de su vivienda, fachadas, buzones, aceras, etc.
¡Cuidado! Estos y otros signos corresponden a claves convenidas que se utilizan constantemente
-palabra que figuraba en mayúsculas coloradas- para que el ladrón actúe sabiendo previamente las
características de la vivienda que quiere robar.
Borradlos y actuad con precaución... y previsión. Defended vuestro hogar con todas las medidas de
seguridad a vuestro alcance. Una de ellas, la mejor, la que constantemente puede proteger su
patrimonio es nuestra póliza de seguro combinado del hogar.
En defensa de la compañía Mapfre y de su desmedido celo por sus clientes -antiguos o
potenciales-, hay que decir que el ridículo al que se vio expuesta al retirar estas postales meses
después coincidió con una plaga de anónimas pegatinas y de garabatos en los portales. Crípticos e
indescifrables, estos adhesivos de forma rectangular y cuyo tamaño no excedía el centímetro, eran
utilizados, que sepamos, por empresas que encargaban estudios de mercado o por el buzoneo
comercial. Pero, de forma imprevista, alguien creyó ver en estas señales el hábil método del que se
servían los rufianes para perpretar sus desmanes, dando lugar a un logia parecida a la descrita por G. K. Chesterton en El hombre que era jueves.
En 1898 Rafael Salillas, autor de Hampa (Antología picaresca) se centraba en los misteriosos
signos, grabados con tiza y carbón, y apuntaba con el dedo a los villanos:
Por algunas investigaciones hechas, que encontramos confirmadas en algún escritor, hemos
llegado a la convicción de que existe una topografía aparte y un itinerario especial para todo pueblo
de la Corte Internacional de los Milagros. Ladrones, fugados, desertores, contrabandistas, zíngaros,
conocen estos itinerarios a la perfección. Una palabra, un signo, una indicación les hacen comprender si tal vivienda es lugar de amigos o enemigos; si tal pueblo dará ayuda, si ofrece riesgo; si tal mesón aislado es un consolato ladronesco, o por el contrario, una trappola a servicio de la gendarmería.
Estos signos -proseguía Salillas-, que se hacen a lo largo del camino maestro o se trazan con
carbón sobre los muros de las casas o por medio de incisiones hechas con el cuchillo en la corteza de los árboles, resultan medios convencionales para decir a futuras comitivas: éste es el camino del
zíngaro.
Un año antes de la Guerra Civil española, Pedro Serrano García volvía a insistir en el tema en
Delincuentes profesionales contra la propiedad, sólo que ahora el lenguaje secreto era conocido
también por vagabundos y bohemios:
Los vagabundos poseen, para comunicarse entre sí, mejor dicho para trasmitirse los datos útiles,
una serie de signos grabados a la entrada de los pueblos, en los mojones o árboles del camino o en
alguna tapia, que, interpretados, indican los lugares en que se prodiga o es escasa la limosna, ceden
albergue, o por el contrario, no dan nada.
En los libros, cuando los hombres despiertan de una visión, generalmente se encuentran en el
mismo lugar en el que quizá se habían quedado dormidos; bostezan en una butaca o se levantan en el campo con los miembros entumecidos. Otro tanto parece haber sucedido con las extrañas marcas de tiza y pintura a lo largo de este siglo, sólo que en lugar de diseminarse por posadas y caminos, ahora su entorno -Frankfurt, Milán, Madrid- es bien distinto.
En 1983, valga el caso, una octavilla fotocopiada comenzaba a circular por Francia. Un total de
dieciseis símbolos advertían del «código gráfico compartido por nómadas y ladrones». Siete de ellos eran idénticos a los que años más tarde aparecerían por España, mientras que el resto difería
ligeramente en el trazo pero no en el significado («nada interesante» «buena acogida si se habla de
Dios», «gendarme», etc.).
Tras rastrear su devenir histórico, Jean Bruno-Renard venía a concluir que en buena semiótica estructural, se trata de los signos inversos de protección que se dibujan desde tiempos inmemoriables para protegerse de amenazas externas.
Los hebreos, por ejemplo -explicaba Renard-, recurrieron a la sangre de animales para salvarse del
ángel exterminador en la décima plaga de Egipto -Exodo, 12,1-34.
Otro tanto puede decirse de los símbolos mágicos de ciertas culturas e incluso de las severas
advertencias de mansiones palaciegas: -«Atención: perro peligroso», «Jardín protegido
electrónicamente », etcétera.
En una apasionante investigación que no podermos omitir, Jean Bruno-Renard constató que gran
parte de los signos que recogía la octavilla francesa y, por extensión, la postal española, existían desde 1921, sólo que por el camino algunos habían cambiado de significado -seguramente por fotocopias defectuosas. Así el criptograma empleado en Francia en 1921 para advertir de una barrera que franqueaba el paso, era en 1950 un «lugar peligroso» para acabar convirtiéndose en 1977 en «casa a evitar». En otro ejemplo, una cruz acotada por un círculo significaba en 1921 «aquí se da de comer pan», en 1934 «los propietarios no dan nada», en 1954 «casa hospitalaria» y en 1977 -tal vez por la cruz- «buena acogida si se habla de Dios».
Al parecer, estos emblemas eran utilizados hasta 1950 en zonas rurales por vagabundos, antes de
ser empleados por delincuentes urbanos en casos excepcionales y a titulo individual. El clima de
inseguridad ciudadana que padeció Francia en la década de los setenta los rescató del olvido y otro
tanto puede decirse de España diez años después.
Curiosamente, tanto en aquel país como en éste, los modernos urbanitas han rescatado los usos y
costumbres de las aldeas rurales de principios de siglo. Si nos unimos todos, no nos podrán hacer
nada, parecen decirse unos a otros. La única diferencia es que donde antes había mendigos y
vagabundos ahora hay ladrones. Todos ellos forman parte de un clan perfectamente organizado ante el que sólo cabe luchar estrechando lazos, descubriendo su lenguaje criminal e intercambiando
fotocopias y postales. Y es que, dada la índole secreta del universo de los ladrones, es natural que
nadie pueda acceder a ellos sin una serie de sutiles transformaciones. Bien diferente sería si todos los canallas del planeta llevaran un delantal blanco al perpetrar sus fechorías. Pero, a falta de esta prenda delatora, sólo podemos confiar en defendernos de esta lacra conociendo su lenguaje, anticipándonos a sus intenciones y siendo más sagaces que los linces.

Muertos Quitados De Encima (Leyendas Urbanas)


Se ha producido en Madrid un suceso extraño y macabro que se ha comentado en tertulias y
mentideros. Como podrá ver el lector, la historia es reciamente española, tanto, que podría muy bien servir de tema a una película de Berlanga. Resulta que un señor que, según se dice, trabaja como empleado en una empresa fosforera, salió de excursión con su familia aprovechando una doble fiesta en su trabajo. Le acompañaban en el seiscientos, la mujer, el niño y la suegra; llevaban consigo la tienda de campaña con la sana intención de dar un merecido asueto a sus pulmones, cansados de respirar el madrileño monóxido de carbono durante toda la semana.

La Cocina Caníbal (Leyendas Urbanas)


Pregunte, pregunte por qué razón no se celebran entierros de chinos en Barcelona, pregunte qué es
lo que hacen exactamente con los cadáveres...

Los Peligros Del Yantar Apresurado (Leyendas Urbanas)


El saciar el hambre en olla ajena ha merecido a LO largo de la historia Toda clase de chascarrillos,
no pocas desconfianzas y más de un recelo hacia cocineros poco diligentes, si no torpes y
abiertamente impúdicos. El descuidado uso de los ingredientes, la profanación de ciertos tabús
gastronómicos, la bondad de las materias primas y la falta de higiene, son algunas de las rémoras más citadas que acompañan al comer fuera de casa. De su génesis y posterior evolución tenemos
constancia por libros como Tumbaollas y hambrientos, de Juan Eslava, donde se da cuenta y se
aportan detalles sobre los pasteles de carne de ahorcado denunciados por Quevedo, de los
salchichones con gato encerrado o de animales menudos de muy diverso pelaje que muchas veces
hicieron las veces de corderos, pavos o conejos.

Sorpresa, Sorpresa (Leyendas Urbanas)


Los padres de una niña querían dar una sorpresa a su hija que era fan de Ricky Martin. Para tal fin,
se pusieron en contacto con el programa de Antena 3 Sorpresa, ¡sorpresa! que ocultó varias cámaras en el domicilio y escondió a Ricky Martin en un armario. Los padres se personaron en el plató para ver la reacción de su hija en directo, pero pronto se quedaron mudos al comprobar como ésta salía de la ducha, se encaminaba a la nevera, sacaba un bote de mermelada de fresa y llamaba a su perro para que comenzara a lamerla.

Embarazos Embarazosos (Leyendas Urbanas)


Una joven a punto de casarse celebró la «despedida de soltera» con sus amigas en un local
nocturno de la capital donde los chicos («camareros») se desnudaban y después se prostituían. La
joven que estaba a punto de casarse se «lió» con uno de ellos que era de piel negra. A la semana se
casó la chica con su fiel novio, pero pronto quedó embarazada (lógicamente por la relación que había mantenido con el chico de color), aunque todos estaban convencidos de que el padre era su marido.

Secuestradas En El Probador (Leyendas Urbanas)


En una fotografía de los años sesenta, once chicas mantienen la sonrisa a la espera del fogonazo de
la cámara. Se trata de las dependientas de La Sirena, una tienda de fajas y sostenes muy popular en
Barcelona. Ninguna de ellas sospecha que muy pronto serán acusadas de raptar a sus clientas y
mandarlas a Oriente Próximo. La cabecilla es la dueña, en la foto con blusa blanca y un bolso colgado del brazo, una dama de mediana edad y mirada apacible que vive en el número 12 del Paseo de Gracia.