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jueves, 18 de diciembre de 2014

En El Sótano (Isaak Bábel)

Yo era un niño mentiroso. La culpa era de la lectura. Tenía mi imaginación siempre incandescente. Leía en clase, en el recreo, camino de casa, de noche bajo la mesa, tapándome con un mantel que llegaba al suelo. Debido a los libros pasé por alto todas las cosas de este mundo: las escapatorias de la escuela al puerto, el comienzo de los billares en los cafés de la calle Gréchevskaya, los baños en Lanzherón. No tenía amistades. ¿A quién le agradaría tratar a un tipo así?
Un día vi en poder de Mark Borgman, nuestro primer alumno, un libro sobre Spinoza. Él acababa de leerlo y sin poder contenerse comenzó a hablar a los muchachos que le rodeaban de la Inquisición española. Lo que contaba era una farfulla científica. Las palabras de Borgman estaban desprovistas de poesía.

El Despertar (Isaak Bábel)

Toda la gente de nuestra categoría: corredores, tenderos, bancarios y oficinistas de compañías navieras, enseñaban música a sus hijos. Nuestros padres, al no ver salida para mí, idearon una lotería. La montaron sobre los huesos de la gente menor. Odesa quedó afectada por ese delirio más que otras ciudades. Se debía ello a que durante decenios nuestra ciudad suministró niños prodigio a las salas de concierto del mundo. De Odesa salieron Misha Elman, Zimbalist, Gabrilóvich, aquí comenzó Yasha Heifetz.

El Fin Del Asilo (Isaak Bábel)

En Odesa, en la época del hambre, nadie vivía tan bien como los asilados del segundo cementerio judío. Años atrás el pañero Kofman levantó en memoria de su esposa, Isabel, un asilo junto a las tapias del cementerio. En el café de Falconi fue muy celebrada tal vecindad. Pero Kofman acertó. Después de la revolución los viejos y viejas asilados en el cementerio acapararon los puestos de enterradores, chantres y amortajadoras. Se agenciaron un ataúd de roble con un manto y con borlas de plata que alquilaban a la gente pobre.

El Primer Amor (Isaak Bábel)

A los diez años me enamoré de una mujer llamada Galina Apolónovna. Se apellidaba Rubtsova. Su marido, un oficial, se marchó a la guerra japonesa y regresó en octubre de mil novecientos cinco. Trajo muchas arcas. Las arcas contenían cosas chinas: biombos, armas valiosas, treinta puds en total. Kuzmá nos decía que Rubtsov compró aquellas cosas con el dinero hecho en la dirección de ingeniería del ejército de Manchuria. Eso decían otros, además de Kuzmá. Era difícil no chismorrear de los Rubtsov: Los Rubtsov eran felices.

Historia De Mi Palomar (Isaak Bábel)

A A. M Gorki.
De niño mi gran deseo era tener un palomar. Jamás conocí deseo más fuerte. A los nueve años mi padre me prometió dinero para tablas y para tres pares de palomas. Fue en mil novecientos cuatro. Yo me disponía a pasar los exámenes para el grado preparatorio en el gimnasio de Nikoláyev. Mi familia vivía en la ciudad de Nikoláyev, provincia de Jersón. Hoy la provincia no existe: nuestra ciudad fue incorporada a la región de Odesa.

Liubka la Cosaco (Isaak Bábel)

La casa de Liubka Shneiveis está en la Moldavanka, en la esquina de la Dálnitskaya y la Bálkovskaya. Tiene en la casa bodega, posada, expendeduría de avena y un palomar para cien pares de palomas «kriúkovski» y «nikoláyevski». Estas tiendas y el sector número cuarenta y seis de las canteras de Odesa son de Liubka Shneiveis, alias Liubka la Cosaco. Sólo el palomar pertenece a Evzel, el guardián, soldado retirado con medalla. Los domingos Evzel sale a la calle Ojótnitskaya y vende palomas a oficinistas de la ciudad y a los chicos del barrio. Además del guardián, en la posada de Liubka viven Pesia-Mindl, cocinera y alcahueta, y el administrador Tsudechkis, un breve judío que por su estatura y su barbita se parece a Ben Zjar, nuestro rabí de la Moldavanka. Conozco muchas anécdotas de Tsudechkis. La primera trata de cómo Tsudechkis entró de administrador en la posada de Liubka, alias la Cosaco.

Así Se Hacía En Odesa (Isaak Bábel)

Empecé:
—Rebe Arie-Leib —dije al viejo—, hablemos de Benia Krik. Hablemos de su comienzo fulminante y de su terrible final. Tres sombras interfieren el camino a mi imaginación. Fróim Grach. ¿Acaso el acero de sus actos no es comparable a la fuerza del Rey? Kolka Pakovski. La furia de aquel hombre tenía todo lo necesario para ordenar. ¿Acaso Jaim Drong no vislumbró el brillo del nuevo astro? Entonces, ¿por qué sólo Benia Krik subió la escalera de cuerda mientras los demás quedaron abajo, colgando de los vacilantes peldaños?

El Rey (Isaak Bábel)

Terminada la bendición nupcial el rabí se dejó caer en un sillón; después salió de la habitación y observó las mesas a todo lo largo del patio. Eran tantas, que la cola asomaba por el portón a la calle Gospitálnaya. Cubiertas con terciopelo, las mesas serpenteaban por el  patio como culebras de vientre recosido con remiendos multicolores; cantaban con voces graves, los remiendos de terciopelo naranja y rojo.

Isaak Bábel

Isaak Bábel