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jueves, 26 de junio de 2014

La Doncella Sabia (Cuentos De Hadas Rusos)



Érase un pobre huérfano que se quedó sin padres a los pocos años y carecía de bienes de fortuna y de talento. Su tío se lo llevó a casa, lo sostuvo y cuando lo vio un poco crecido lo puso a guardar un rebaño de ovejas. Y un día, queriendo probar su talento, le dijo:
- Lleva el rebaño a la feria y mira de sacar todo el provecho posible, de modo que con las ganancias tú y el rebaño podáis vivir; pero has de volver a casa con el rebaño completo, sin que falte una cabeza, y con el dinero que hayas sacado de cada oveja.
- ¿Cómo me las arreglaré para eso? -pensaba el huérfano, sentado al lado del camino mientras el rebaño pacía por el campo.
Una hermosa doncella acertó a pasar por allí y viendo al muchacho tan pensativo, le preguntó:
- ¿En qué piensas, buen mozo?
- ¿No he de pensar? Mi tío me ha armado un lazo para perderme. Me ha encargado una cosa que, por más que me devano los sesos, no sé cómo voy a cumplirla.

miércoles, 25 de junio de 2014

El Sueño Profético (Cuentos De Hadas Rusos)



Vivía en cierto tiempo un comerciante que tenía dos hijos: Dimitri e Iván. Una vez les dio los buenos noches y los mandó a dormir diciendo:
- Hijos, mañana me diréis lo que hayáis soñado, y el que me oculte su sueño no espere nada bueno.
Al día siguiente, el hijo mayor fue a ver a su padre y le dijo:
- He soñado, padre, que mi hermano Iván subía al cielo arrebatado por veinte águilas.
- Está bien -contestó el padre,- y, tú, Iván, ¿qué has soñado?
- Una cosa tan insensata, padre, que es imposible explicarla.
- ¿Qué quieres decir? ¡Habla!
- No, no quiero hablar.
El padre se indignó y resolvió castigar a su hijo por desobediente. Llamó a los criados y les ordenó que se llevasen a Iván, lo desnudasen y atasen a un poste en la encrucijada. Dicho y hecho. Los criados cogieron a Iván y se lo llevaron muy lejos, a un lugar donde se cruzaban siete caminos, lo ataron de pies y manos al poste y lo abandonaron a su suerte. El pobre muchacho lo pasó muy mal. El sol lo achicharraba, los mosquitos y las moscas le chupaban la sangre, el hambre y la sed lo atormentaban.

La Pluma De Fenist, El Halcón Radiante (Cuentos de Hadas Rusos)



Había una vez un viudo que tenía tres hijas. Las dos mayores eran muy dadas a divertirse y a lucir, pero la menor sólo se preocupaba de los quehaceres domésticos, aunque era incomparablemente hermosa. Un día, el padre tenía que ir a la feria de la ciudad y les dijo:
- Queridas hijas, ¿qué queréis que os compre en la feria?
La mayor de las hijas contestó:
- ¡Cómprame un vestido nuevo!
La mediana contestó:
- ¡Cómprame un pañuelo de seda!
La menor contestó:
- ¡Cómprame un clavel rojo!
El viudo fue a la feria y compró un vestido nuevo para la hija mayor y un pañuelo de seda para la mediana; mas, por mucho que buscó, no pudo encontrar un clavel rojo. Ya estaba de regreso cuando se cruzó en el camino con un viejecito a quien no conocía, y el viejecito llevaba un clavel rojo en la mano. El viudo se alegró mucho al verlo y preguntó al viejecito:
- ¿Quieres venderme ese clavel rojo, viejecito? Y el otro le contestó:
- Mi clavel rojo no se vende, no tiene precio porque es inapreciable; pero te lo regalaré si quieres casar a tu hija menor con mi hijo.

La Sortija Encantada (Cuentos De Hadas Rusos)



Había una vez un viejo matrimonio que tenía un hijo llamado Martín. El marido enfermó y murió y, aunque se había pasado toda la vida trabajando no dejó más herencia que doscientos rublos. La viuda no quería gastar este dinero. ¿Mas, qué remedio le quedaba? Como no tenían qué comer hubo de recurrir a la vasija en que guardaba el patrimonio. Contó cien rublos y mandó a su hijo a comprar pan para todo el año. Martín, el hijo de la viuda, fue a la ciudad. Al llegar al mercado le sorprendió un tumulto del que salían gritos que asordaban y, al inquirir la causa, se enteró de que los carniceros habían atado un perro a un poste y le pegaban sin misericordia. Martín se compadeció del perro y dijo a los carniceros:
- Hermanos míos, ¿por qué pegáis al perro tan desalmadamente?
- ¿Por qué no hemos de pegarle, si ha echado a perder todo un cuarto de ternera?
- ¡Pero no le peguéis más, hermanos! Mas os valdría vendérmelo.
- Cómpralo, si quieres -le replicaron los carniceros burlándose de él.- Pero no te daremos por menos de cien rublos semejante alhaja.
- Y bien, cien rublos no son más que cien rublos, después de todo.

El Valiente Jornalero (Cuentos De Hadas Rusos)



Un joven entró al servicio de un molinero. El molinero lo mandó echar grano en la tolva, pero el operario, que no entendía de molinos, echó el trigo sobre la muela y cuando ésta empezó a girar, todo el grano quedó esparcido por tierra. Cuando el amo llegó al molino y vio aquello, despidió al jornalero. El pobre joven se volvió a casa, pensando por el camino: "Poco tiempo he trabajado para el molinero". Tan preocupado estaba, que tomó un camino por otro y se perdió entre unas malezas, hasta que un río le privó el paso. Y junto al río había un molino abandonado, donde resolvió pasar la noche.
Ya eran cerca de las doce y aun no había podido conciliar el sueño. Le asustaban todos los ruidos que llegaban a su oído, pero mucho más hubo de asustarle un ruido de pasos que se acercaban al abandonado molino. El pobre trabajador se levantó más muerto que vivo y se escondió en la tolva. Tres hombres entraron al molino y, a juzgar por su aspecto, no eran gente honrada sino ladrones. Encendieron fuego y procedieron a repartirse el botín. Y uno de los ladrones dijo a los otros:
- Esconderé mi parte bajo el molino.
Y el segundo dijo:
- Esconderé la mía bajo la muela.
Y el tercero dijo:
- Yo esconderé mi parte en la tolva.
Pero el jornalero estaba acurrucado en la tolva y pensó: "Nadie puede morir dos veces, pero todos hemos de morir una vez. No sé si podré asustarlos. Lo probaré". Y se puso a gritar con toda la fuerza de sus pulmones:
- ¡Dionisio, ven aquí; y tú, Focas, vigila la ventana, y tú, pequeño, no te muevas de ahí! ¡Cogedlos, que nadie se escape; nada de piedad con ellos!

Los ladrones, presa del pánico, abandonaron el botín y huyeron como alma que lleva el diablo. El jornalero salió de la tolva, cogió todo el botín y se volvió a casa mas que rico.

La Alforja Encantada (Cuentos De Hadas Rusos)



Había una vez un hombre casado con una mujer extraordinariamente pendenciera. El pobre hombre no tenía un momento de tranquilidad, pues por cualquier nadería lo abrumaba a denuestos su mujer, y si él se atrevía alguna vez a replicar, lo echaba a escobazos de la cocina. Al desgraciado no le quedaba otro consuelo que ir al campo a cazar conejos con lazo y pájaros con trampas que colgaba de los árboles, porque cuando llevaba buena caza, su mujer se calmaba y dejaba de atormentarlo durante uno o dos días y él gustaba unas horas de paz.
Un día salió al campo, preparó sus armadijos cogió una grulla.
- ¡Qué suerte la mía! -pensó el buen hombre.­ Cuando vuelva a casa con esta grulla y mi mujer la mate y la ase, dejará de molestarme por algún tiempo.
Pero la grulla adivinó su pensamiento y le dijo con voz humana:
- No me lleves a tu casa ni me mates; déjame vivir en libertad, y serás para mí como un padre querido y yo seré tan buena para ti como una hija.
El hombre se quedó atónito y soltó a la grulla, pero al volver a casa con las manos vacías, lo abroncó su mujer de tal manera, que el infeliz hubo de pasar la noche en el patio, bajo la escalera. Al día siguiente, muy temprano, se marchó al campo y estaba preparando sus armadijos, cuando vio a la grulla del día antes que se le acercaba con una alforja en el pico.

martes, 24 de junio de 2014

El Campesino Demyan (Cuentos De Hadas Rusos)



En cierta aldea, ignoro si hace poco o mucho tiempo, vivía un campesino testarudo y violento, llamado Demyan. Era duro, bronco y colérico y siempre buscaba la ocasión de disgustarse con cualquiera. Imponía su voluntad a puñetazos cuando no bastaban las palabras. Invitaba a un vecino a su casa, y le obligaba a comer, y si el vecino rehusaba un bocado por vergüenza o cortesía, el campesino se disgustaba y le gritaba: "¡En casa ajena obedece al dueño!"
Y un día sucedió que un mocetón entró como convidado a casa de Demyan, y el campesino le puso una mesa llena de exquisitos manjares y de los mejores vinos. El joven comía a dos carrillos y despachaba plato tras plato. El campesino estaba admirado y cuando vio la mesa limpia y las botellas vacías, se quitó la levita y le dijo:
- ¡Quítate la blusa y ponte mi levita! -porque pensaba: "Rehusará y entonces sabrá para qué tengo los puños".
Pero el joven se puso la levita, se la ciñó bien y haciendo una reverencia, dijo:
- ¡Y bien, padrecito! Gracias por el regalo. No me niego a aceptarlo, porque en casa ajena hay que obedecer al dueño.
El campesino estaba furioso. Deseaba provocar una pendencia a toda costa y con tal objeto condujo al mozo al establo y le dijo:
- Nada es poco para ti. ¡Ea, monta en mi caballo y llévaselo como si fuera tuyo! -porque pensaba: "Rehusará y habrá llegado el momento de darle una lección".
Pero el joven volvió a decir:
- ¡En casa ajena hay que obedecer siempre al dueño!
Y cuando estuvo bien montado, se volvió al campesino Demyan y gritó:
- ¡Hasta la vista, amigo! ¡Nadie te ha obligado, pero has caído en tu misma trampa! -Y dicho esto, salió galopando.
El campesino se quedó moviendo la cabeza y dijo: "La guadaña ha dado contra una piedra", con lo que quería decir que había hallado por fin la horma de su zapato.



La Rana Zarevna (Cuentos De Hadas Rusos)



En cierto reino de cierto Imperio vivían un Zar y una Zarina que tenían tres hijos, los tres jóvenes, valerosos y solteros, el menor de los cuales se llamaba Iván. Un día el Zar les habló y les dijo:
- Queridos hijos, coged cada uno una flecha y un arco, salid en diferentes direcciones y disparadla con toda vuestra fuerza y dondequiera que caiga la flecha, elegid allí vuestra esposa.
El mayor disparó y la flecha fue a parar precisamente al aposento de la hija de un boyardo. La flecha del segundo hermano fue a parar a la casa de un rico comerciante y se quedó clavado en una galería donde se paseaba en aquel momento una hermosa doncella, que era la hija de¡ comerciante. El hermano menor disparó su flecha, que fue a caer a una charca y la cogió una rana que todo el día estaba croando.
El Zarevitz Iván dijo a su padre:
- ¿Cómo quieres qué acepte por esposa a semejante charlatana? ¿Yo casarme con una rana?
- ¡Cásate con ella - replicó su padre,- ese es tu destino!

Los Dos Hijos De Iván El Soldado (Cuentos De Hadas Rusos)



Una vez vivía en cierto país un campesino. Cuando le llegó el tiempo de ir al servicio militar se despidió de su joven esposa con estas palabras:
- ¡Óyeme, esposa mía! Vive honestamente, no te mofes de la buena gente, no dejes que nuestra cabaña se caiga, cuida de todo con esmero y espera mi regreso. Si Dios quiere, volveré y dejaré el servicio. Aquí tienes cincuenta rublos. Si nos nace un niño o una niña es igual; guarda el dinero hasta que nuestro hijo sea mayor. Si es una niña cásala con el pretendiente que le salga, pero si Dios te da un hijo, cuando llegue a la edad de la razón, este dinero te ayudará un poco.
Luego se despidió de la mujer y se marchó a guerrear donde le mandaron. Transcurridos tres meses, le nacieron dos gemelos a quienes llamó los hijos de Iván el soldado. Los pequeños crecieron como dos plantas bien cultivadas. Al llegar a los diez años, su madre cuidó de instruirlos y tanto progresaron en las letras, que los hijos de los boyardos y los hijos de los comerciantes no les aventajaban en saber. Ningún muchacho sabía leer en voz alta, escribir y contestar a las preguntas tan bien como ellos. Los hijos de Iván el soldado fueron creciendo y un día preguntaron a su madre:
- Madre querida, ¿no nos dejó nuestro padre algún dinero? En tal caso dánoslo y nos lo llevaremos a la ciudad para comprarnos un caballo cada uno.

Juanito El Tonto (Cuentos De Hadas Rusos)



Hace mucho tiempo, en cierto reino de cierto imperio había una ciudad donde reinaban el Zar Gorokh, que quiere decir guisante y la Zarina Morkovya, que quiere decir zanahoria. Tenían sabios boyardos, ricos príncipes y robustos y poderosos campeones, y en cuanto a guerreros no bajaban de cien mil. En la ciudad vivía toda clase de gente, comerciantes de barbas respetables, hábiles artesanos, alemanes mecánicos, bellezas suecas, borrachos rusos; y en los suburbios vivían campesinos que labraban la tierra, cosechaban trigo, lo llevaban al molino, lo vendían en el mercado y se bebían las ganancias.
En uno de los suburbios había una casita habitada por un anciano con tres hijos que se llamaban Pacomio, Tomás y Juan. El anciano no sólo era listo sino astuto y cuando se encontraba al diablo entablaba conversación con él, lo convidaba a beber y le arrancaba muchos secretos que luego aprovechaba obrando tales prodigios, que sus vecinos lo tenían por hechicero y mago, mientras otros lo respetaban como a un hombre ladino enterado de alguna que otra cosa. El viejo hacía realmente cosas prodigiosas. Si alguien se sentía consumido por la llama de un amor desesperado, no tenía más que ir a visitar al hechicero y éste le recetaba unas raíces que ablandaban enseguida el corazón de la ingrata. Si algo se perdía, él se las arreglaba para encontrarlo por más escondido que lo tuviese el ladrón, con agua encantada y una red.

El Pato Blanco (Cuentos De Hadas Rusos)



Un Príncipe muy rico y poderoso casó con una Princesa de sin igual hermosura y, sin tiempo para contemplarla, sin tiempo para hablarle, sin tiempo para escucharla, se vio obligado a separarse de ella dejándola bajo la custodia de personas extrañas. Mucho lloró la Princesa y muchos fueron los consuelos que procuró darle el Príncipe. Le aconsejó que no abandonara sus habitaciones, que no tuviera tratos con gente mala, que no prestara oídos a malas lenguas y no hiciese caso de mujeres desconocidas. La Princesa prometió hacerlo así y cuando el Príncipe se alejó de ella se encerró en sus habitaciones. Allí vivía y nunca salía.
Transcurrió un tiempo más o menos largo, cuando un día, que estaba sentada junto a la ventana, bañada en llanto, acertó a pasar por allí una mujer. Era una mujer de sencillo y bondadoso aspecto que se detuvo ante la ventana y, encorvada sobre su báculo y apoyando su barba en las manos, dijo a la Princesa con voz dulce y cariñosa:
- Querida Princesita, ¿por qué estás siempre triste y afligida? Sal de tus habitaciones a contemplar un poco el hermoso mundo de Dios, o baja a tu jardín, y entre los verdes follajes se disiparán tus penas.

lunes, 23 de junio de 2014

Tomás Berennikov (Cuento De Hadas Ruso)



Una vez vivía en una aldea un pobre campesino llamado Tomás Berennikov, muy suelto de lengua y fanfarrón como nadie; a feo no todos le ganaban y en cuanto a trabajador, nadie tenía que envidiarle. Un día fue al campo a labrar, pero el trabajo era duro y su yegua, floja y escuálida, apenas podía con el arado. El labrador se desanimó y fue a sentarse a una piedra para dar rienda suelta a sus tristes pesares. Inmediatamente acudieron verdaderos enjambres de tábanos y mosquitos que volaron como una nube sobre su infeliz jamelgo acribillándolo a picaduras. Tomás cogió un haz de ramas secas y lo sacudió contra su pobre bestia para librarla de aquellos insectos que se la comían viva. Los tábanos y los mosquitos cayeron en gran número. Tomás quiso saber a cuántos había matado y contó ocho tábanos, pero no pudo contar los mosquitos. Puso una cara de satisfacción y se dijo:
"¡Acabo de hacer algo grande! ¡He matado ocho tábanos de un solo golpe y los mosquitos son incontables! ¿Quién dirá que no soy un gran guerrero? ¿Que no soy un héroe? No aro más en el campo. Lucharé. ¡Soy un héroe y como tal buscaré fortuna!"

La Zarevna Belleza Inextinguible (Cuentos De Hadas Rusos)



Hace mucho tiempo, en cierto país de cierto Imperio, vivía el famoso Zar Afron Afronovich. Tenía tres hijos: el mayor era el Zarevitz Dimitri, el segundo, el Zarevitz Vasili, y el tercero, el Zarevitz Iván. Todos eran buenos mozos. El menor tenía diecisiete años cuando el Zar Afron frisaba en los sesenta. Y un día, mientras el Zar estaba reflexionando y contemplando a sus hijos, se le ensanchó el corazón y pensó: "Verdaderamente, la vida es deliciosa para estos jóvenes, que pueden disfrutar de este mundo de maravillas que Dios creó; pero yo resbalo por la pendiente de la vejez, empiezan a afligirme los achaques y poca alegría me ofrece ya este mundo. ¿Qué será de mí en adelante? ¿Cómo podría librarme de la senectud?"
Y así pensando, se quedó dormido y tuvo un sueño. En una tierra desconocida, más allá del país Tres Veces Nueve, en el Imperio Tres Veces Diez, habitaba la Zarevna Belleza Inextinguible, la hija de tres madres, la nieta de tres abuelas, la hermana de nueve hermanos, y bajo la almohada de esta Zarevna se guardaba un frasco de agua de la vida, y todos los que bebían de esta agua rejuvenecían treinta años.

Marco El Rico Y Basilio El Infortunado (Cuento De Hadas Ruso)



Hace mucho tiempo vivía en un país un opulento comerciante llamado Marco y de sobrenombre "el Rico". Duro y cruel de carácter, era ambicioso y despiadado con el pobre. Siempre que un pordiosero o un indigente se acercaba a pedir a su puerta, él mandaba a sus criados que lo alejasen y le soltaran los perros. Sólo amaba una cosa de este mundo, y era su hija, la hermosísima Anastasia. Sólo con ella no se mostraba duro, y aunque sólo contaba la muchacha cinco años, jamás desatendía sus deseos y le daba cuanto ella quería.
Y un día helado de invierno se acercaron a la puerta tres ancianos de blancos cabellos a pedir limosna. Marco los vio y ordenó que les soltasen los perros. La bellísima Anastasia oyó esta orden e imploró a su padre diciendo:
- Mi querido padre, si me quieres, no los eches; permite que pasen la noche en el establo.
El padre accedió, permitiendo que los tres mendigos pasaran la noche en el establo. Cuando todos dormían en la casa, se levantó Anastasia y se dirigió de puntillas al establo, se encaramó al tejadillo y desde allí pudo ver a los tres hombres. Los mendigos estaban agrupados en el centro del establo, apoyando en sus báculos sus trémulas manos, y sobre éstas se derramaban sus luengas barbas, y pudo oír lo que hablaban entre sí en voz baja. El más viejo de todos miraba a los otros dos y les preguntaba:
- ¿Qué ocurre por este mundo?.

La Acusadora (Cuento De Hadas Ruso)



Una vez vivía un matrimonio anciano. Ella, sin que fuera una mala mujer, tenía el defecto de no sujetar su lengua, y todo el pueblo se enteraba por ella de lo que su marido le contaba y de lo que en casa sucedía, y no satisfecha con esto, exageraba todo de tal modo, que decía cosas que nunca ocurrieron. De vez en cuando, el marido tenía que castigarla y las costillas de la mujer pagaban las culpas de su lengua.
Un día, el marido fue al bosque por leña. Apenas había penetrado en él, notó que se le hundía un pie en la tierra, y el buen viejo pensó:
- ¿Qué será esto? Voy a remover la tierra y tal vez tenga la suerte de encontrar algo.
Se puso a hurgar y al poco rato descubrió una caldera llena de oro y plata.
- ¡Que suerte he tenido! ¿Pero qué haré con esto? No puedo ocultarlo a mi buena mujer, aunque estoy seguro que todo el mundo se enterará por ella de mi feliz hallazgo y yo habré de arrepentirme hasta de haberlo visto.
Después de largas reflexiones llegó a una determinación. Volvió a enterrar el tesoro, echó encima unas cuantas ramas y regresó al pueblo. Enseguida fue al mercado y compró una liebre y un besugo vivos, volvió al bosque y colgó el besugo en lo más alto de un árbol y metió la liebre en una nasa que dejó en un puesto poco profundo del río.

Kuzma Skorobogati (Cuento De Hadas Ruso)



Una vez vivía un matrimonio campesino que tenía un hijo, y éste, aunque buen chico, era tonto de capirote e inútil para los trabajos del campo.
- Marido mío -dijo un día la mujer,- no haremos nada bueno con este hijo y se nos comerá casa y hacienda; mándalo a paseo, que se gane la vida y se abra camino en el mundo.
Lo sacaron, pues, de casa, y le dieron un rocín, una cabaña destartalada del bosque y un gallo con cinco gallinas. Y el pequeño Kuzma vivía solo, completamente solo en medio del bosque.
La raposa olió las aves de corral que le ponían casi bajo las narices en el bosque y resolvió hacer una visita a la cabaña de Kuzma. Un día el pequeño Kuzma salió a cazar y apenas se había alejado de la cabaña, la raposa que estaba vigilando la ocasión, entró, mató una de las gallinas, la asó y se la comió. Al volver el pequeño Kuzma quedó desagradablemente sorprendido al ver que faltaba una gallina, y pensó: "Se la habrá llevado un buitre". Al día siguiente volvió a salir de caza, encontró por el camino a la raposa y ésta le preguntó:
- ¿Adónde se va, pequeño Kuzma?.
- ¡Voy a ver que cazo, raposita!
- ¡Buena suerte!

El Genio De La Estepa (Cuentos De Hadas Rusos)



En aquellos remotos tiempos vivían un rey y una reina. El rey era anciano y la reina, joven.
Aunque se querían mucho eran muy desgraciados porque Dios no les había dado descendencia. Tan apenada estaba la reina, que cayó enferma de melancolía y los médicos le aconsejaron viajar para disipar su mal. Como al rey lo retenían sus asuntos en su reino, ella emprendió el viaje sin su real consorte y acompañada por doce damas de honor, todas doncellas, jóvenes y hermosas como flores de mayo. Al cabo de unos días de viaje llegaron a una desierta llanura que se extendía tan lejos, tan lejos, que parecía tocar el cielo. Después de mucho andar sin dirección fija de una parte a otra, el cochero se desorientó por completo y se detuvo ante una gran columna de piedra, a cuyo pie había un guerrero, jinete en un caballo y armado de punta en blanco.

domingo, 22 de junio de 2014

Verlioka (Cuentos De Hadas Rusos)



Una vez vivía un matrimonio anciano con dos nietos huérfanos, tan hermosos, tan dóciles y buenos, que el matrimonio los quería sin medida. Un buen día se le ocurrió al abuelo llevar a los nietos al campo para enseñarles un plantío de guisante, y vieron que los guisantes crecían espléndidos. El abuelo se regocijó al ver aquella bendición y dijo:
- No hallaréis guisantes mejores en todo el mundo. Cuando estén bien granados, haremos de vez en cuando sopa y tortilla de guisantes.
Al día siguiente, el abuelo mandó a su nieta, diciendo:
- ¡Anda y ahuyenta a los gorriones de los guisantes! La nieta se sentó junto al plantío, agitando una rama seca y diciendo:
- ¡Fuera, fuera, gorriones que picoteáis los guisantes del abuelo hasta que os hartáis!
De pronto oyó un retumbar de pasos en el bosque y se le presentó Verlioka, un gigante de enorme estatura, con un ojo, nariz ganchuda, barbas como zarzas, bigotes de una cana de largo, pelos como cerdas, cojeando de un pie, apoyándose en una muleta, enseñando los dientes y sonriendo. Se acercó a la preciosa niña, la cogió y se la llevó detrás del lago.

Anda No Sé Adónde, Busca No Sé Qué (Cuentos De Hadas Rusos)



En un imperio que se extendía desde el litoral de un mar azul, vivía una vez un rey soltero que tenía una compañía de arqueros que salían de caza, tirando a cuantos pájaros se les ponían al alcance para proveer de carne la mesa de su señor. En esta compañía servía un joven arquero llamado Fedot, un tirador notable que siempre daba en el blanco, por lo que el rey lo quería más que a los otros. Un día salió el joven de caza muy temprano, al romper el alba. Penetró en un bosque muy espeso y lóbrego y en la rama de un árbol vio una paloma. Fedot tendió el arco, apuntó y disparó. Herida en un ala, la paloma cayó a la húmeda tierra. El tirador la cogió y estaba a punto de retorcerle el cuello y ponerla en su zurrón, cuando oyó que la paloma le hablaba de esta manera:
- Por piedad, joven cazador, no me retuerzas el cuellecito ni me prives de la luz de este mundo. Será mejor que me dejes con vida, que me lleves a casa y me dejes en tu ventanita, y te diré lo que has de hacer. En el momento en que se apodere de mí el sueño, pero fíjate que te digo en el mismo momento, me arrancas con tu mano derecha el ala herida y desde entonces podrás darte por hombre afortunado.

Gore-Gorinskoe (Cuentos De Hadas Rusos)



Una vez vivían en un pueblo dos hermanos, uno rico y otro pobre. Al rico todo le salía a pedir de boca y la suerte le acompañaba en todos los negocios que emprendía, pero al pobre parecía huirle la fortuna por más que se esforzase en trabajar como un esclavo.
En pocos años, se vio el rico tan acaudalado y en un estado de prosperidad tan abundante, que se trasladó a la ciudad, se hizo construir la casa más grande y se estableció como comerciante, mientras el pobre pasaba tales apuros, que a veces no tenía en casa ni un pedazo de pan que dar a un racimo de hijos, todos pequeños, que lloraban a un tiempo pidiendo algo que comer o beber. El pobre hombre empezó a desanimarse, maldiciendo su suerte y su desgraciada cabeza empezó a hundírsele entre los hombros.
Fue a visitar a su hermano de la ciudad y le dijo: -¡Socórreme! ¡Estoy completamente aniquilado!
- ¿Por qué no? -contestó el rico.- Medios no me faltan, pero has de trabajar conmigo toda esta semana.