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viernes, 17 de octubre de 2014

Chutín Aventaja A Toda La Nobleza (Ciro Alegría)


Once animales con alma y uno con garras
El hijo del hacendado, el niño Obdulio, antojóse de un perro de los del Simón Robles. Al fin obtuvo un cachorro, al que pusieron Chuto, que quiere decir chusco, pues su pequeñez y su ausencia de blasones contrastaba con la arrogancia y la abundante gama heráldica de los perros de la casa-hacienda. El nombre trocose después, buscando sonoridad y diminutivo cariñoso, en Chutín. Porque sucedió que de las esferas del capricho ascendió a las del afecto. Todos lo querían, cumpliéndose una vez más la sentencia de que "los últimos serán los primeros". Y había razón para eso. Chutín aventajó y dejó muy atrás a los otros perros en las faenas. Los finos daban terribles mordiscos, se enfurecían al ver sangre y mataban sin necesidad al ganado. Chutín obteníalo todo, inclusive un buen arreo de vacas, de su alarido pertinaz, sus prudentes tarascadas, su agilidad incansable y su buen humor.

Cuarzo (Ciro Alegría)


Duelo de caballeros, 1962
El indio Fabián caminaba imaginando la cara que su pequeño hijo pondría al ver el cuarzo. El bloque traslúcido erizado de varillas refulgentes, estaba con la calabaza y la cuchara de palo del yantar y otros trastos, en el fondo de las alforjas que le ceñían el hombro. Un quebrado sendero, ágil equilibrista de breñales andinos, aumentaba la brusquedad de su paso, por lo cual los objetos de las alforjas se entrechocaban produciendo un ruido monótono que rimaba con el choclear de las ojotas. Más allá, en torno del viajero, sólo había silencio. La puna estaba cargada de noche. Un ligero viento no conseguía silbar entre las pajas.

Duelo De Caballeros (Ciro Alegría)


Duelo de caballeros, 1962
Voy a contar una historia verdadera. Se trata de un singular duelo de caballeros cuyo interés principal reside en que los protagonistas fueron dos personajes del hampa de Lima, exactamente del barrio de Malambo. El nombre de resonancia africana abarca un dédalo de casas y callejones de adobe, colorido emporio del negrerío, del mulataje, de una más reciente cholada, de toda esa chocolateada mezcolanza racial ante la cual resalta la blancura de la minoría cuyos antepasados dieron nombre a la Ciudad de los Reyes.

Calixto Garmendia (Ciro Alegría)


Duelo de Caballeros, 1962
—Déjame contarte —le pidió un hombre llamado Remigio Garmendia a otro llamado Anselmo, levantando la cara—. Todos estos días, anoche, esta mañana, aún esta tarde, he recordado mucho… Hay momentos en que a uno se le agolpa la vida… Además, debes aprender. La vida, corta o larga, no es de uno solamente.
Sus ojos diáfanos parecían fijos en el tiempo. La voz se le fraguaba hondo y tenía un rudo timbre de emoción. Blandíanse a ratos las manos encallecidas.

La Piedra Y La Cruz (Ciro Alegría)


Los árboles se fueron empequeñeciendo a medida que la cuesta ascendía. El caminejo comenzó a jadear trazando curvas violentas, entre cactos de brazos escuetos, achaparrados arbustos y pedrones angulosos. Los dos caballos reposaban y sus jinetes habían callado. Un silencio aún más profundo que el de los hombres enmudecía las laderas. De cuando en cuando, pasaba el viento haciendo chasquear los arbustos, bramando en los pedrones. En las ráfagas eran sólo una avanzada del presente ventarrón de la puna. Al cesar después de una breve lucha con las ramas y los riscos dejaban una gran cauda de silencio. El rumor de las pisadas de los caballos, parecía aumentar ese silencio nutrido de inmensidad. Si algún pedrusco rodaba del sendero, seguía dando botes por la pendiente, a veces arrastrando a otros en su caída, y todo ello era como el resbalar de unos granos de arena de la grandeza de las moles andinas. De pronto, ya no hubo si quiera arbustos ni cactos. La roca se dio a crecer más y más, ampliándose en lajas cárdenas y plomizas, tendidas como planos inclinados hacia la altura; alzándose verticalmente en peñas prietas que remedaban inmensos escalones; contorsionándose en picachos aristados que herían el cielo tenso; desperdigándose en pedrones que parecían bohíos vistos a distancia; superponiéndose en muros de un gigantesco cerco de infinito. Donde había tierra crecía tenazmente la paja brava llamada ichu. En su color gris amarillento se arremansaba el relumbrón del sol.

Navidad En Los Andes (Ciro Alegría)


Panki y el Guerrero, 1968
Marcabal Grande, hacienda de mi familia, queda en una de las postreras estribaciones de los Andes, lindando con el río Marañón. Compónenla cerros enhiestos y valles profundos. Las frías alturas azulean de rocas desnudas. Las faldas y llanadas propicias verdean de sembríos, donde hay gente que labre, pues lo demás es soledad de naturaleza silvestre. En los valles aroman el café, el cacao y otros cultivos tropicales, a retazos, porque luego triunfa el bosque salvaje. La casa hacienda, antañona construcción de paredes calizas y tejas rojas, álzase en una falda, entre eucaliptos y muros de piedra, acequias espejeantes y un huerto y un jardín y sembrados y pastizales. A unas cuadras de la casa, canta su júbilo de aguas claras una quebrada y a otras tantas, diseña su melancolía de tumbas un panteón. Moteando la amplitud de la tierra, cerca, lejos, humean los bohíos de los peones. El viento, incansable transeúnte andino, es como un mensaje de la inmensidad formada por un tumulto de cerros que hieren el cielo nítido a golpe de roquedales.

Historia De Una Infidelidad (Ciro Alegría)


Hay muchas situaciones y maneras de ser infiel. Cristo lo sabía. No nos referiremos a su videncia de la última cena, donde anunció que sería negado tres veces, ni al momento ratificador en que Pedro, efectivamente, lo negó otras tantas. En el caso de la señora Lonigan, debemos recordar cómo Jesús desarmó a los que pretendían lapidar a la mujer adúltera. Los perseguidores soltaron su piedra porque ninguno se encontraba limpio de pecado.

Muerte del cabo Cheo López (Ciro Alegría)


Perdóneme, don Pedro... Claro que ésta no es manera de presentarme... Pero, le diré... ¿Cómo podría explicarle?... Ha muerto Eusebio López... Ya sé que usted no lo conoce y muy pocos lo conocían... ¿Quién se va a fijar en un hombre que vive entre tablas viejas?... Por eso no fui a traer los ladrillos... Éramos amigos, ¿me entiende? Yo estaba pasando en el camión y me crucé con Pancho Torres. Él me gritó: “¡Ha muerto Cheo López!” Entonces enderezo para la casa de Cheo y ahí me encuentro con la mujer, llorando como es natural; el hijito de dos años junto a la madre, y a Cheo López tendido entre cuatro velas. Comenzaba a oler a muerto Cheo López, y eso me hizo recordar más, eso me hizo pensar más en Cheo López. Entonces me fui a comprar dos botellas de ron, para ayudar con algo, y también porque necesitaba beber.

El Brillante (Ciro Alegría)


El claro sol tropical, que al bajar del avión les pareció un estallido de luz, untaba ahora las estrechas calles de San Juan. Las gentes deambulaban con lentitud.  Las puertas de las tiendas solas, simulaban un bostezo en la modorra cálida del mediodía. Desde alguna, salían las notas cadenciosas de un bolero. Y desde más allá de los acantilados, ayudado por ráfagas de viento, llegaba el son del mar. Unas palmeras, en el recinto ardiente de una plaza, se erguían a otear el cielo nítido. Levantando su silueta angulosa sobre las casas bajas, un incipiente rascacielos era una incrustación de la historia. Habían ido de compras y estaban en el placido momento en que éstas terminan. En realidad, la placidez era disfrutada por él. A las mujeres siempre les queda la impresión de que algo dejaron por comprar. La de Clemente no era en este caso una excepción, pese a que tenía algunas cosas raras que la hacían diferente, comenzando por su nombre: Nydia.

Cuento Quiromántico (Ciro Alegría)


Yo me dejaba ir a la deriva. (Paréntesis para los sabios: que haya luz artificial o natural no hace al caso. ¿Os habéis sobresaltado como cuando, mientras dormís plácidamente, el vecino del piso de arriba deja caer violentamente los zapatos? En realidad, no se trata sino de eso: de un molesto ruido de zapatos.) Entonces quedamos en que me dejaba ir... Mis pensamientos habían soltado las amarras. Estaba en uno de esos momentos en que es inútil tomar rumbo porque perderlo a los pocos minutos es cosa cierta. No he de explicarles por qué llegué a tal situación.

Mañana Difunta (Ciro Alegría)


Tal vez llegarían mejores tiempos. Porque todo tiene su hora justa y nadie debe quedarse sin su ración de bienandanza. Los momentos buenos llegan de pronto, llegan algún día.

El Amuleto (Ciro Alegría)


Ellos  estaban  en  una  inmensa  altura.  Para  llegar  hasta  allí  habían  tomado, sucesivamente, dos ascensores de rápido impulso, sintiendo en la subida que los oídos les zumbaban.
A Lina le dolieron. Ahora las miradas de Joan saltaban de rascacielos en rascacielos, en tanto que suspiraba hondo, moviendo rítmicamente los senos moldeados por una blusa azul. Con el cuerpo elástico ceñido al muro gris, la grácil cabeza echada hacia adelante como deseando abandonarse al espacio. Su actitud toda habría hecho pensar que experimentaba la emoción del vuelo. Ella estaba viviendo, en general, una señalada aventura que conjugaba gozosamente lo cierto e incierto.